Un cliente, propietario de una consultora, dudaba entre trabajar como autónomo o constituir una SL (Sociedad Limitada) por motivos de fiscalidad y limitación de responsabilidad. Comparamos la carga fiscal: el IRPF progresivo de hasta el 47% para autónomos frente al Impuesto de Sociedades fijo del 25% (tipo reducido del 15% para empresas de nueva creación durante los dos primeros años con beneficios), y analizamos los costes adicionales de contabilidad y administración de una SL. El cliente constituyó la SL, obteniendo responsabilidad limitada y un tipo efectivo menor sobre el beneficio reinvertido, manteniendo flexibilidad en el reparto de dividendos.
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